La huella ecológica es un indicador que nos ayuda a medir el impacto que tiene el ser humano en el ambiente con base al consumo de recursos y la producción de residuos.
¿Cómo se calcula?
Para calcular la huella ecológica, se deben agrupar los bienes que
consumimos según las superficies donde se producen, obteniendo de este modo
seis categorías:
·
Cultivos: superficies de actividad
agrícola (cereales, frutas, materias primas…)
·
Pastos: espacios utilizados para la alimentación
del ganado que nos provee de carne, leche y huevos.
·
Bosques: superficies forestales, ya sean naturales
o repobladas, para la explotación de la madera.
·
Mar: de donde obtenemos los productos de pesca y
donde existe una producción biológica mínima para ser aprovechada por la
sociedad.
·
Terreno construido: aquel ocupado por nuestras
ciudades, viviendas, industrias y carreteras.
·
Energía (área de absorción de CO2): superficies de
bosques necesarias para la absorción del CO2 (dióxido de
carbono) desprendido al quemar los combustibles fósiles para la producción de
energía.
Para seguir con el cálculo de la huella ecológica, una vez conocidas las
toneladas de productos consumidos es necesario convertirlas en hectáreas, que
serán las hectáreas de la superficie que se utiliza para conseguir esos
productos. ¿Cómo hacer el cambio? Con la productividad, que nos dice cuál es el
rendimiento de la tierra. Así, por ejemplo, la productividad de hortalizas en
La Rioja es de 24.726kg/h, es decir, por cada hectárea de hortalizas cultivadas
en La Rioja se obtienen 24.726 kg. de hortalizas.
Con todo esto es mucho más fácil calcular la huella ecológica ya que
conocemos cuánto nos da la tierra y cuánto consumimos de cada superficie, así
que es muy fácil saber cuánta tierra necesitamos para el total consumido.
Los valores de productividad pueden estar referidos a escala global, o
bien, se pueden calcular específicamente para un determinado territorio cuando
nuestro estudio pretenda ser más concreto.
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